miércoles, 20 de septiembre de 2017

Este jueves, un relato: MADRE


Venus de Willendorf (Paleolítico Superior, 24.000 a 22.000 a.C.)


¿Madre no hay más que una? Pero, señores, si estamos rodeados de madres aparte de la santa que nos llevó en su vientre...

Empecemos por la madre tierra, Gea o Gaia, la madre de todo. Ella siempre nos ha parecido la alma máter, la madre nutricia en todos los sentidos, pero recientemente esta madre naturaleza  nos castiga -cada vez más- a  latigazos con huracanes como "Catarina" o "Irma", sequías e inundaciones, y algún que otro terremoto. ¿Será un destete o se habrá cansado definitivamente de aguantarnos?

Nuestro enmadramiento no acaba ahí, ni mucho menos. El alimento más básico -el pan- requiere masa madre para su fermentación y no hay ordenador que funcione sin placa madre.

Y vamos de extremo a extremo: igual que debido a la literatura cristiana la madre de Dios es símbolo de bondad y dulzura, a pesar de lo cual hay quien no duda en abusar de su nombre con intención de insulto, todos conocemos los cuentos de hada cuya retahila de madrastras desde la de Blancanieves hasta la de Cenicienta nos dejan con mal sabor de boca a manzana envenenada.

Sin embargo, y me estoy metiendo en el  terreno político-emocional, la más peligrosa es la Madre Patria, así con  mayúscula, un nefasto concepto que sigue mandando a sus hijos no a la escuela, como hacemos las madres de a pie, sino a la guerra. Arropada por la bandera del color que sea, exige a los que hayan nacido varones -y últimamente también a las hembras- que luchen, conquisten, maten y mueran... mientras ella se atrinchera entre ministerios y criptas, llorando con lágrimas de cocodrilo las estadísticas de los caídos y legalizando castigos ejemplares contra los que tengan la lucidez de declararse pacifistas.

¡Cuidado con esas madres, que hay amores que matan!

miércoles, 13 de septiembre de 2017

LA MANO QUE RECIBE LA MONEDA



Mi mano derecha levanta un vaso de plástico. A ver si se anima alguien a echar el euro del carrito. Con esa mano pegué no hace mucho a mi mujer que no dejaba de incordiarme después de que me despidieran del trabajo. Yo había vuelto a coger un billete de la caja y se me cayó al pasarlo a mi bolsillo. Sin pensárselo, la dueña del bar pisó mi mano dos veces antes de ponerme de patitas en la calle. En el ambulatorio me la curaron con un vendaje de un blanco insultante por su contraste con el hematoma. Sin embargo hubo un tiempo en que yo llevaba camisas de esa misma blancura y mis manos tenían las uñas limadas y la cutícula quitada. Entonces me gustaban los pilots de punta de 3 mm para tomar notas mientras hablaba por teléfono y solía dar manotazos en la mesa cuando no encontraba ninguno. Luego tuve que declararme insolvente y de noche sacar a pulso los muebles de la oficina para venderlos en un mercadillo. ¡Cuánto pesó la mano del municipal que me detuvo por la denuncia del casero! Recuerdo mis manos esposadas y recién desinfectadas cogiendo el plato en el comedor del trullo, jugando a las cartas con otros presos de poca monta y aprendiendo a liar pitillos con el tabaco de las colillas que recogía. El tembleque que me salió cuando ya estaba de vuelta en la calle ahora solo se calma si me tomo unas cuantas copas. Así que, señora, déjese de ofrecerme un paquete de sobaos y suelte ya la moneda que acaba de sacar del carro de compra.

jueves, 7 de septiembre de 2017

HEROÍNAS



¿De qué están hechas las heroínas? Las auténticas, de carne y hueso; las ficticias, de papel, óleo y mármol... Endiosadas, estas últimas representan virtudes o hazañas imposibles de igualar: Elizabeth Bennet (Orgullo y Perjuicio) encanta desde hace 200 años al mundo de los lectores, La Gioconda se sonríe a través de los siglos con misterio y belleza inalterables y la Venus de Milo simboliza al cuerpo perfecto aunque no tenga brazos.

Por el otro platillo de la balanza transitan sin parar personas como tú y yo... ¿o tienen algo más? Pensemos en todas las mujeres que vencen día a día las adversidades, las penurias y la falta de amor que aqueja a nuestro mundo. ¿Madres? Claro que sí, pero también hijas y nietas, juezas y maestras, presas y vecinas.

La condición femenina está marcada por la creatividad más física, la de dar vida, seguida por la necesidad de conservar y mantener esa llamita misteriosa. Quizás no poseamos tanto la capacidad de componer música inmortal pero sí la de re-componer cosas y almas astilladas, juntar piezas para que una situación desastrosa vuelva a tener sentido y alguien pueda seguir su camino.

Heroínas, grandes y menos importantes, mujeres de a pie, anónimas a nivel público pero con nombre y apellido para los que hayamos tenido la suerte de conocerlas. Mi madre, Käthe Fulde, fue una de ellas.

martes, 29 de agosto de 2017

EL QUINTO ANIVERSARIO




Había alquilado una casa rural con cinco dormitorios situada en el pueblo de Malcinco del Valle donde preparé a conciencia la celebración del quinto aniversario de mi salida de la cárcel invitando a los cinco miembros de la banda que vivían todavía. Nos habían cogido a todos, si bien ellos solo fueron acusados por cómplices y secuaces;  yo fui el único del grupo condenado por aquel asesinato. Compré comida y bebida, cubiertos de plástico y vasos de papel para recordar nuestros tiempos entre rejas.

Por la tarde del 5 de Mayo descorché cinco botellas de vino y dejé la puerta entreabierta. La mesa, repleta de buenas tapas frías; cinco sillas puestas en semicírculo frente a la mía; un toque de viento movía las cortinas y las manecillas del reloj avanzaban con lentitud.

A la 1 de la noche, o sea, la hora 25, llegó Mariano, el único que se había atrevido a  venir. Supe de su presencia al notar el olor a sudor que siempre lo acompañaba. Tras echar una mirada furtiva alrededor suya se encogió de hombros y se sentó. Apenas hablamos pero comimos y bebimos hasta las 5 de la mañana.

A esa hora saqué de mi americana un gran sobre y repartí con Mariano los cinco millones que había ganado en la Primitiva. Al estar solo los dos, tocó a mitad cada uno. Cinco minutos después Mariano ya se había ido y no le he vuelto a oler ni a verle el pelo.

miércoles, 23 de agosto de 2017

EN NOMBRE DE DIOS




ENCUENTRO EN BAVIERA

Después de haber intentado negar su existencia durante 50 años, verano más, verano menos, me encontré con él hará como diez años en el campo bávaro. Pasaba en coche buceando con la vista en el verde lustroso de sus bosques saludables, cuando la mano del universo me saco del vehículo y me trasladó suavemente a una pradera.

La hierba me hacía cosquillas en las piernas, mi sentir -bovino de pronto- me empujaba a pastar arrancando flores para masticar, salivar y volver a masticar. El aire que me alisaba el flequillo olía a heno y un sol incierto bajaba por mi lomo como por un tobogán. Supe con absoluta certeza que yo formaba -y sigo formando-  parte de un inmenso todo y que mi lugar en el plan maestro es tan insignificante e importante como el de cualquier ruedecilla dentada de un gigantesco engranaje.

Percibí con claridad punzante olores y coloridos; rocé con mi morro el de una compañera que acababa de liquidar una mata de violetas. Aun a sabiendas que aquel no era mi lugar, hubiese querido continuar pastando en ese prado entre árboles. Sin embargo duró poco: en un abrir y cerrar de mis ojos grandes y pacientes, sombreados por largas pestañas, el hálito universal me devolvió a mi asiento donde mi cáscara humana había seguido haciendo compañía a la conductora.

Desde entonces tengo consciencia de Su presencia en la naturaleza y también entre las personas. Está en todas partes y nunca me deja sola. En la retrospectiva reconozco que sin saberlo disfruté desde mucho antes de Su protección y amor, y Le estoy profundamente agradecida.

jueves, 17 de agosto de 2017

CANSANCIO MENTAL




El portazo


Había perdido la memoria. Estuve dos días andando por casa sin saber para quién cocinaba y no debí hacerlo a su gusto, porque el hombre apenas comió y después de la cena del segundo día salió dando un portazo. Recogí la mesa mientras intentaba recordar dónde había que guardarlo todo, y esa búsqueda me produjo un cansancio atroz.  Al final no tuve fuerzas para seguir  y me senté en el suelo. Observé cómo las aristas de los armarios se perdían en la penumbra del techo igual que las esquinas de un edificio. Cuando mi cuerpo me pidió instrucciones para respirar, no supe dárselas, ni pude mantener mi cabeza en equilibrio y me fui tumbando. En un movimiento reflejo extendí una mano y tanteé algo duro que asomaba debajo de un mueble, justo al lado de mi cara. Mis dedos tiraron de ello y sacaron un envoltorio desgastado que se abrió solo. Algo se desparramó en las baldosas grises sin fregar. Empecé a respirar más hondo y como la postura era incómoda me volví a sentar. Agarré la carpeta con ambas manos y encontré en su interior mi nombre y la hora de volver al trabajo, imágenes de un viaje en coche, el mar y el bosque, la satisfacción de escribir historias y pintar cuadros, incluso la cara de mi hijo que estaba de vacaciones, pero nunca supe quién era aquel que se fue dando un portazo.



miércoles, 22 de febrero de 2017









UNA CUESTIÓN DE PERSPECTIVA

En el momento justo y en un determinado lugar, una imagen entra dentro de nuestro área de visión. Todas las dudas quedan eliminadas y una percepción consciente nos hace ver, oler, tocar y sentir.  Disfrutemos de esos instantes de constelación perfecta: un arco iris; verdes capullos de hoja en ramas todavía lisas y desnudas; finas nubes de pluma asentadas entre montañas oscuras; un cielo matutino color oro encima de una autopista animada por coches y gente del tamaño de las hormigas ...

En todos los sitios hay belleza esperando a ser notada, y se hará visible para ti tan pronto como te encuentres en el lugar adecuado. Entonces tu mente se encargará de abrirte los ojos y viceversa.

No tengas prisa. Párate y observa o llévate la imagen contigo en tu corazón. En cuanto te muevas, el rompecabezas del Universo cambiará para mejor o peor... ¿Quién sabe? Todo es una cuestión de perspectiva.

dfb 8-12-16